lunes, 17 de octubre de 2011

EL CIUDADANO KANE


CITIZEN KANE, Orson Welles, 1941

Un inquietante principio nos introduce en la obra maestra de Orson Welles. En una profunda noche, en una aislada mansión, con la soledad como protagonista, como si de una película de terror se tratara, sólo la tenue luz en una habitación es capaz de llamar nuestra atención y a través de la mirada de un globo de nieve contemplamos la muerte del gran magnate de la comunicación Charles Foster Kane. Su última palabra en vida nos introducirá de lleno en una película que reflejará los momentos más importantes de su vida, su personalidad, su carácter y como este afectó a quienes le rodean.

Rosebud” será el hilo conductor de la trama de este film, de manera casi detectivesca un periodista encargado de reflejar la vida de Kane en un documental e intentará descubrir el misterio que envuelve esta enigmática palabra. La utilización de los “flashbacks” para guiarnos por la intensa vida del personaje, es una original manera de introducirnos en la vida del protagonista, diferentes puntos de vista de los mismos hechos realizados por los distintos entrevistados, y los principales momentos de la vida de Kane contados de una manera no lineal debió ser en la época una forma revolucionaría de contar una película, al más puro estilo de “Lost” (la serie).

No puedo dejar de admirar la magnífica utilización de los planos por parte de Orson Welles, sobre todo el contrapicado. Este es llevado a su máxima inclinación en algunas escenas, dotándolas de una gran intensidad, magnificando a los personajes, sus conversaciones, discusiones y reacciones hasta un grado máximo. Me sorprendieron algunos planos donde contemplamos dos acciones paralelas en el mismo encuadre, uno la conversación principal y otro secundario en un reflejo, o a través de una ventana, etc. dando una gran complejidad a estas acciones y múltiples lecturas.

Desde las primeras escenas el tratamiento de la luz es sorprendente, se convierte en un protagonista más, acompaña a todos los actores en sus interpretaciones, los contraluces, las sombras poderosas, son utilizadas de manera magistral y refuerzan los sentimientos y los desgarros que en la trama se produce.

Orson Welles dirige la película magistralmente, pero además nos aporta una interpretación sobervia, acompañada de una caracterización muy buena, tanto en maquillaje, peluquería y la aportación interpretativa del mismo actor. Kane pasa entre secuencias de tener 25 años (dónde curiosamente me recuerda al actor Jack Black) a ser un anciano, pasando por las diferentes décadas con total naturalidad y credibilidad.

El ciudadano Kane es una película que ganó un Oscar al mejor guión así que es obligado hablar de él. Welles refleja en Ciudadano Kane las diferentes sensibilidades y preocupaciones de la época mediante la particular visión de Kane, un escéntrico millonario, criado por un banco, incapaz de pensar en algo que no sea él mismo, que desprecia a cuantos le rodean si estos no bailan a su compás. Se refleja una gran crítica al materialismo, que nos despersonaliza, que nos hace distorsionar nuestras prioridades y no apreciamos lo verdaderamente importante convirtiendo nuestra vida en una búsqueda de la felicidad por lo que tenemos y no por lo que somos, cosa que sólo Kane termina valorando al acordarse de “rosebud” una referencia a su infancia, al amor de su madre y a los tiempos dónde fue verdaderamente feliz.

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